Orígenes del arte romano

Orígenes del arte romano

Uno de los grandes problemas que ha ocupado a los estudiosos del arte clásico ha sido el de responder a la pregunta de si ha habido un arte genuinamente romano o no. Los partidarios de la negación opinan que el romano no es sino el arte griego evolucionado en distintas épocas y lugares y adaptado a las peculiaridades de estas circunstancias.

Orígenes del arte romano

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El retrato escultorico en la época de los Julio Claudios

El retrato escultorico en la época de los Julio Claudios
El retrato oficial de esta época es una continuación de la retratística augustea y no presenta grandes cambios, salvo el de representar a veces a los Césares bajo formas divinas, ya que se les divinizó en vida a la manera oriental introducida en Occidente por Alejandro. Las piezas mas notables son:
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Sentido realista en la plástica en la escultura Romana

En cuanto a materiales y técnicas, la escultura romana presenta pocas novedades. Como en Grecia, el mármol y el bronce fueron las dos materias generalmente usadas. Las piedras más toscas quedaron relegadas a las piezas secundarias y el barro se limitó a las figurillas, en contra de la vieja tradición etrusca de la coroplastia mayor.

Sentido realista en la plástica en la escultura Romana
Sentido realista en la plástica en la escultura Romana

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El retrato escultorico en la época de los Severos

El retrato escultorico en la época de los Severos
De la época de los Severos se conservan varios retratos del fundador de la dinastía, Septimio Severo, que suelen representarlo con barba bífida y cuatro rizos enforma de sacacorchos en la frente. El rostro suele tener una expresión bondadosa y casi apostólica que inspiró en el Renacimiento algunos tipos de Cristo. Por su concepción y su factura, estos retratos de Septimio se hallan dentro de la tradición retratística antoniana: se emplea en ellos la misma minuciosidad en el tratamiento del cabello, pintorescamente rizado y movido, la misma tendencia a hacerlo contrastar con una epidermis pulida y como de porcelana. En el cabello se usó el trépano, aunque tímidamente.

El retrato escultorico en la época de los Severos

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El retrato en la época de Trajano

El retrato en la época de Trajano
Persiste el realismo de la etapa anterior, acentuándose aún más la tendencia a representar al retratado en su natural modo de ser. El busto, que en la etapa precedente había comenzado ya a incluir los hombros y buena parte del pecho, ahora abarca la parte superior del tronco, llegando incluso más abajo de los pectorales.
Los retratos del emperador y su familia on numerosos y, en general, excelentes. Los de Trajano muestran su firme carácter, su seguridad en sí mismo y u astucia inteligente. La sencillez de sus tocados contrasta con el acicalamiento de la época flavia y con el narcicismo de la siguiente. Un breve flequillo cubre su frente, ya de por sí estrecha, acortándola hasta casi hacerla desaparecer. A pesar de su aparente sencillez, sin embargo, los mejores retratos de Trajano son un tanto ampulosos y aduladores. Los conservados en el British Museum y en el Museo Capitolino lo representan a la griega, como un semidiós. De edad ya avanzada lo preseta un clyoeo de bronce hallado en Estambul y conservado en el Museo de Ankara.
Menos ampulosos y más sinceros son los de su esposa Plotina y su hermana Marciana, que se parece mucho a él.
Abundan en esta época lo retratos "étnicos" de germanos y dacios. La llamada Tusnelda es una cautiva germana, concebida al modo de las plañideras griegas del siglo IV. Esta imbuida de un "pathos" resignado y a la vez tenso. Su rostro es de tradición policlética.

El retrato en la época de Adriano
En la retratística adrianea ocupa el primer lugar, como es de suponer, el conjunto de las efigies del emperador. Son de destacar el busto del Vaticano, procedente de su mausoleo, que es frío y solemne, de carácter oficial; el del Museo de las Termas, insolente e inquisitivo, y el del Museo de Sevilla, que lo representa de avanzada edad y probablemente se ejecutó después de su  muerte.
Conocemos a su esposa Sabina, mujer de gran belleza y áspero carácter, por un grupo de excelentes retratos: los bustos de las Termas y del Vaticano y dos estatuas de cuerpo entero, una como Venus y otra como Ceres, esta última bellísima, ejecutada según el gusto neoático.
El retrato adrianeo presenta dos novedades: el comienzo de la moda de la barba entre los hombres y la incisión de la pupila y el iris. La tendencia ya observada en los períodos anteriores a alargar el busto se manifiesta aquí por la prolongación hasta más abajo de los pectorales, mostrando el arranque de los brazos, aunque sin llegar nunca hasta el codo.
A parte de los retratos imperiales, sobresalen en este período los numerosos de Antinoo, muchacho bitinio amante del emperador y que, tras su prematura muerte, fue deificado por Adriano, ya que, estando éste enfermo, el muchacho ofreció su vida por la de él y se suicido arrojándose al Nilo. Tras este romántico lance y su posterior deificación, su imagen, idealizada, se multiplicó por todo el Imperio bajo unos rasgos fijos, que permiten reconocerle siempre a simple vista, de impresionante belleza melancólica. Su rostro verdadero, aún sin idealizar pero dotado de gran belleza, tal vez sea el de su retrato del Museo de las Termas, patético y sombrío pero realista. El tipo oficial lo tenemos cristalizado, entre otos muchos, en los Antinoos Farnese (Museo de Nápoles), el del Museo de Delfos y el del Capitolio. En estas estatuas está representado como mortal, pero hay otras en las que se le dota de atributos divinos: en la del Vaticano se le representa como Dionisos; en el Laterano, como Vertumno; en el de Leptis Magna, como Apolo. Sus bustos son numerosos. Abundan los que le representan sin atributos, otros como Dionisos, etc., pero todos permanecen fieles al tipo oficial, con rígidas guedejas, facciones anchas, sensuales y melancólicas, cabeza inclinada que acentúa su melancolía, amplitud magnífica del tórax y bellos y torneados hombros. uno de los más hermosos es el Antinoo Mondragone, del Louvre, cuyos bucles apolíneos recuerdan las estatuas del clasicismo severo griego (recuérdese el amor de Adriano por lo griego y su gusto arcaizante). Su obsesiva representación alcanzó también al relieve, habiendo dos muy importantes en roma: el de la Villa Albani, procedente de Tibur (Tívoli) y el de los Fondi Rustici. El primero lo representa como Dionisos. El segundo como silvano ante un altarcillo con dos granadas y una piña. Lleva un cuchillo de vendimiador y viste una túnica corta. El relieve es de poco cuerpo, muy pictórico, y debía estar policromado. Es de una alta calidad técnica y de gran belleza.
El tipo de Antinoo no sólo es el producto más característico de la cultura adrianea, sino que además fue el último tipo original creado por toda la estatuaria antigua y el único verdaderamente original, pese a su filiación griega clásica, que surgió en época romana. Constituyó, al mismo tiempo, el último destello de la belleza ideal griega, aunque sus facciones, al contrario que las puramente griegas, son únicas e inintercambiables y perfectamente reconocibles incluso en los peores retratos.

El retrato escultorico en la época de los Flavios

El retrato escultorico en la época de los Flavios
Con el advenimiento de los Flavios, y sin duda a causa del origen burgués de estos emperadores, el retrato abandonó la corrección convencional y fría de la época precedente y se volvió hacia la tradición romana de las efigies sinceras, realistas y francas. Continúa leyendo El retrato escultorico en la época de los Flavios

El retrato escultorico en la época de Augusto

El retrato escultorico en la época de Augusto (tendencia hacia la helenización).
Los ejemplares más abundantes son, naturalmente, las efigies del emperador, de las que hay una larga serie desde su edad temprana hasta su vejez. El más importante es sin duda el "Augusto de Primaporta" (hoy en el Vaticano). Continúa leyendo El retrato escultorico en la época de Augusto