Hipogeos egipcios


La construcción de hipogeos en Egipto

Los hipogeos prolongaron una tradición iniciada en el Imperio Antiguo, que consistía en construir tumbas horadando las paredes pétreas. La implantación del modelo de hipogeo como conjunto arquitectónico funerario implica la adecuación al paisaje en el que se inscribe. A diferencia del Imperio Antiguo, en el que los volúmenes de las pirámides rompían con la horizontalidad de las grandes extensiones de arena, los hipogeos no son una estructura que se impone al horizonte, sino una articulación de volúmenes integrados en el espacio que ofrece el entorno.

La estructura interior de los hipogeos conserva en gran medida la de las tumbas reales del Imperio Antiguo, prolongándose de este modo hacia el interior de la montaña.

Los hipogeos de Deir el-Bahari: la tumba de Mentuhotep

Tras una etapa de disputas entre diferentes ciudades, que llevó a la desintegración del país, Mentuhotep, rey procedente de Tebas, reunificó Egipto bajo su mandato.

Para su tumba Mentuhotep escogió el paraje de Deir el-Bahari, en la orilla izquierda del río Nilo, al sur de Tebas. En él erigió un gran hipogeo. El conjunto funerario está precedido por una amplia avenida, que parte de la orilla del río y que está flanqueada por estatuas del rey. Tras finalizar este recorrido, se llega a una gran plaza donde se alza la construcción estructurada en dos terrazas escalonadas. La base del primer nivel es un pórtico de columnas sobre el que descansa una sala hipóstila, a la que se accede desde la plaza por una rampa. El segundo nivel sirve de base a una pirámide que corona el conjunto. La novedad estriba en que la pirámide no está cubriendo la cámara funeraria del faraón, sino que ésta se halla excavada en las profundidades de la roca, tras el templo. La segunda terraza tenía las paredes en forma de talud, cubierta con relieves. En el interior, la sala hipóstila, compuesta por pilares octogonales, formaba un bosque de columnas distribuidas en hileras.

Además, detrás de este santuario hay un patio rodeado de pilares con una capilla que antecede a la cámara sepulcral. A un lado del edificio, desde la explanada delantera, se accede a un corredor que conduce a la sala donde estaba la estatua del rey.

Este sepulcro es el último en que se mantiene la pirámide como reminiscencia simbólica que indica la importancia del difunto. Desde el protagonismo absoluto de la pirámide en el Imperio Antiguo, se ha llegado a la drástica reducción de su tamaño, situándola en un plano secundario, mientras gana importancia el templo, que aumenta sus pórticos y salas. El aspecto general conjunto es el de un gran edificio porticado.

El templo funerario de la reina Hatshepsut

Cinco siglos después de la construcción del templo de Mentuhotep, la reina Hatshepsut de la XVIII dinastía (Imperio Nuevo) decidió construir otro hipogeo en el mismo paraje. El arquitecto Senenmut fue el encargado del proyecto. La construcción resultante fue tan armoniosa que el edificio se ha comparado con los templos griegos helenos. Destaca, especialmente, la simetría de las proporciones y la equilibrada integración de cada una de las partes del conjunto arquitectónico.

El edificio se distribuye en terrazas escalonadas de tres alturas, unidas por rampas que se extienden en profundidad hacia el interior de las rocas. La organización del conjunto funerario mantiene la serie básica de templo del valle, calzada ascendente, templo funerario y capilla fúnebre excavada en la roca.

Desde el valle se asciende al templo funerario por una calzada, flanqueada de esfinges con el rostro de la reina en piedra arenisca de pequeño tamaño. Al llegar al templo, la serie se prolonga con estatuas mayores de granito rojo. El final de la calzada desembocaba en un recinto con dos estanques, desde donde comienza una rampa sobre un pórtico de pilares que da acceso al nivel superior. La segunda terraza es un gran cuadrado que tiene dos de sus lados porticados con columnas.

En el lateral norte, porticado con columnas protodóricas, hay una capilla dedicada al dios Anubis, el de la cabeza de chacal, que penetra en la roca.

La gran superficie de esta explanada se utilizaba como parada en la procesión que cada año traía de visita al dios Amón desde el templo de Karnak, en la otra orilla del río. En el otro extremo de la terraza hay un santuario de techumbre abovedada dedicado a la diosa Hathor (también excavado en la roca) y con acceso directo desde la explanada principal por una rampa. En el interior del santuario hay varias cámaras y dos salas hipóstilas con pilares rematados con capiteles que representan el rostro de la diosa Hathor (con forma humana y cabeza de vaca). Otra rampa conduce hasta la tercera y última terraza, donde se alza una pared con una hilera de estatuas policromas, que combinan la forma corporal del dios Osiris con el rostro de la reina Hatshepsut. Desde la hilera de estatuas se accede a un patio interior que alberga en dos de sus lados pequeños santuarios; a continuación, ya en la profundidad del zócalo rocoso, están localizadas las capillas funerarias de la reina Hatshepsut y también de su padre el faraón Tuthmosis I.

El reto que planteaba la construcción era conjugar el escenario imponente de la montaña con un edificio armonioso. La arquitectura había de ser sumamente audaz para no quedar empequeñecida bajo los volúmenes aplastantes del acantilado rocoso. La combinación de espacios arquitectónicos con formas escultóricas fue una verdadera novedad.

El resultado final imbrica todos los elementos de manera tan eficaz, que ni la arquitectura se sobrepone a la escultura, ni ésta ofusca la pureza de las estructuras constructivas. Ambas se complementan, pues, al formar una sola unidad.

El conjunto es ejemplar por la sabia articulación del espacio; también se trata de un conjunto único en el contexto del Imperio Nuevo, ya que las formas colosales se impondrían a lo largo de este período y no se volvería a realizar una propuesta similar. El templo de la reina Hatshepsut no era pues, propiamente, una tumba. Tuthmosis I inauguró la costumbre de enterrar a los faraones en el Valle de los Reyes, que constituye una garganta natural, oculta en el otro lado de Deir-el-Bahari. Fue la necrópolis real durante todo el Imperio Nuevo, con cámaras excavadas en la roca.

En ella se hallaron los sarcófagos con los cuerpos de Hatshepsut y su padre, en cámaras ocultas bien disimuladas. Esta garganta natural se adentra en el valle, donde un macizo triangular corona el conjunto montañoso, otorgándole el simbolismo piramidal.

1 comentario
  1. es muxo pero es para nuestros estudios jejeje

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